Sabinos en el Parque Nacional Lago de Camécuaro,
municipio de Tangancícuaro en Michoacán.
Fotografía de Guillermo González.

jueves, 9 de junio de 2011

José María Cázarez y Martínez - Datos biográficos I - Dr. Carlos Herrejón Peredo

Nació en La Piedad, Michoacán, el 20 de noviembre de 1832. Fue hijo primogénito de Ignacio Cázares e Ignacia Martínez, virtuosos cristianos. Llevó a cabo los primeros estudios en su pueblo natal, de donde partió al Colegio de San Luis Gonzaga de Zamora.

A partir de 1851 hasta 1859 estudió teología y jurisprudencia en el Seminario de Morelia. Volvió a La Piedad, donde permaneció dos años. En 1862 marchó a la capital de la República y tras dos años de estudio en el Colegio de San Ildefonso, se doctoró en teología y cánones por la Pontificia y Nacional Universidad de México. En 1864 formó parte, como socio corresponsal, de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.


En La Piedad ejerció la abogacía como abogado de foro y fue nombrado Juez de Primera Instancia, distinguiéndose por su notable rectitud, por la pericia en los asuntos encomendados, y por la defensa de los derechos de los pobres.

En la época de Maximiliano fue encarcelado y sentenciado a muerte por haber hecho la defensa de unos campesinos, apresados por motivo de la ley marcial del 3 de octubre de 1865. Cázares no fue ejecutado e impugnó aquella ley que fue sustituida por otra moderada.

En 1866 pronunció un discurso en el que hace una lectura de la historia de México desde Iturbide hasta sus días. Critica el espíritu de partido y la situación de constante revuelta:

“Falsos liberales y falsos conservadores se arremeten unos contra otros en palenque cerrado, ora por una libertad que no se entiende, ora por un orden que no se realiza”.

Su propuesta es la paz a partir de una reforma personal:

“Sólo la paz sabe prometer con verdad y cumplir con fidelidad:
sólo la paz puede arreglar todas las cuestiones
y allanar todas las dificultades,
prevenir todos los temores y apagar todos los odios,
afianzar todos los derechos y poner en armonía todas las cosas.

Sentémonos a la sombra de la paz, trabajemos,
estudiemos, aprendamos, reformémonos nosotros
y después reformaremos al mundo (…)
reneguemos de todos esos vicios que apagan
la luz de nuestro entendimiento
y que no dejan arder la llama de nuestros corazones (…)
Tengamos fe y esperemos (…)”

El arzobispo de Morelia Ignacio Árciga lo invitó al ministerio sacerdotal, invitación que Cázares ponderó como llamamiento de lo Alto. De tal manera, tras cuatro años de honesto y brillante ejercicio de la abogacía, respondió a ésta su segunda y definitiva vocación.

Fue ordenado presbítero el 22 de agosto de 1869. Al poco tiempo el mismo arzobispo se hizo acompañar al Concilio Vaticano I por el novel sacerdote con el rango de teólogo consultor. “El barco en que viajaban fue azotado por una furiosa tempestad; la marinería misma estaba espantada, sólo el licenciado Cázares permanecía tranquilo y quiso que se le amarrara al mástil del navío para contemplar, decía, la omnipotencia de Dios”.

Desempeñó en Morelia los cargos de capellán de las Hijas de la Caridad, prebendado de la Catedral, maestro y rector del Seminario, juez de testamentos, capellanías y obras pías, Vicario General y Provisor. En palabras de su arzobispo, todo lo que se le encomendó lo realizó a su entera satisfacción.

Este texto está publicado en la página
de las Hermanas de los Pobres,
Siervas del Sagrado Corazón: http://www.hpssc.org.mx

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